En 1983 un profesor de la Universidad de Harvard, Howard Garned, desarrolló la teoría de las inteligencias múltiples. Esta teoría consistía en demostrar que la inteligencia no es un conjunto unitario que agrupe diferentes capacidades específicas si no que existen diferentes tipos de inteligencias (musical, interpersonal, espacial...) y que cada persona maneja mejor unas u otras.
Durante décadas se consideró que el nivel de inteligencia era medible y se determinaba a través de un test que medía el coeficiente intelectual, es decir, la capacidad que tiene una persona para aprender y éste finalmente decretaba si un estudiante era malo, bueno o regular.
Hoy en día, de algún modo, se sigue considerando viable este método. El sistema educativo implantado en nuestro país sigue tomando como base pruebas globales y puramente académicas que determinan a través de una nota final si una persona es apta o no para desarrollar una determinada carrera universitaria o adquirir un cierto nivel de estudios. El problema de esta medición, como comenta H. Garned, no son las mediciones en sí, si no la aceptación de las mismas. Es decir, el problema está cuando por ejemplo aceptamos que un certificado médico pueda demostrar más que el esfuerzo propio de una persona para conseguir lo que se proponga o cuando un medicamento adopta más poder que el propio empeño.
Aunque la teoría de H. Garned no haya sido aceptada en algunos ámbitos como la psicología, lo que es cierto de la misma es que no se puede enseñar a todos los niños del mismo modo y mucho menos exigir que todos desempeñen igual una misma acción. Porque como Einstein dijo una vez "todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar un árbol vivirá toda su vida creyendo que es un inútil"




