Educar en valores debería ser tan
importante o más que educar en conocimientos. Un individuo se compone de
conocimientos pero sobre todo de emociones, que suelen ser lo que toman como
guía de vida. Y esas emociones deben ser canalizadas pero sobre todo experimentadas
por la propia persona. Al igual que, esas emociones, deben ser transmitidas y
liberadas. En cambio, crecemos creyendo que ser vulnerable ante algo o alguien
nos perjudica como personas, cuando la realidad es totalmente contraria. Nos
enseñan a ser fuertes y a afrontar la vida con determinación desde que somos
pequeños, nos advierten de la peligrosidad de la misma y nos enseñan a
desconfiar, tanto que a veces hasta lo hacemos de nosotros mismos. Pero, ¿por
qué nadie nos cuenta lo bonito que puede ser nuestra vida si realmente hacemos
algo que nos motiva? Y con bonito no me refiero a que vaya a salir todo
perfecto a la primera, si no que a pesar de las adversidades siempre
encontraremos una razón para seguir luchando.
No podemos decidir sobre la vida de una persona, ni siquiera entiendo porque nos empeñamos en ello. Luego nos encontramos con personas frustradas con su trabajo que no encuentran sentido a sus vidas y todo por una mala decisión o más bien por una decisión condicionada por agentes externos ya sean padres, profesores... cuando deberían ser justamente ellos los que den apoyo ante una decisión por muy loca que parezca; cuando deberían ser los primeros en llegar hasta lo que son por vocación y no por obligación.
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